Mal de ojos en bebes

Desde pequeños solemos escuchar a nuestros familiares mayores de alguien que tuvo mal de ojo, que tenía estos síntomas o le pasaba aquello. Incluso, nosotros mismos pudimos ser víctimas sin saber de qué se trataba hasta ahora.

Y es que el mal de ojo no es más que una forma de maleficio que una persona le propina a otra a través de la mirada. Este tipo de mal no es una invención nueva, pues desde las Santas Escrituras se hace referencia, así como también en las culturas griegas y romanas. Por su parte, el Corán lo nombra y hasta Shakespeare lo menciona. En otros tiempos, y por desconocimiento climático, algunos fenómenos de la atmósfera eran atribuidos al mal de ojo.

El mal de ojo no es recibido a voluntad, sino que se trata de un acto que es para quien no está consciente de ello y se realiza con una mirada hostil cargada de envidia. Pero también ocurre que, la persona que hace el mal de ojo, no está consciente de la dimensión de su maleficio, por lo tanto, podría afectar a otra de manera incalculable. Para algunas culturas, el mal de ojo podría devolverse con la misma intensidad con que se ha echado, aunque probablemente el origen del mismo sea la envidia.

Bebés con mal de ojo

Son muchas las creencias que existen entorno al origen y finalidad del mal de ojo, pero a los niños puede ocurrirle y eso es debido a que son más vulnerables por su inocencia. En algunos países de Asia y el Mediterráneo se tiene la creencia de que, incluso una madre que tenga mal de ojo y se encuentre amamantando, podría transferir el maleficio al bebé. Siendo así y para evitarlo, se le indica a la madre que suspenda la lactancia hasta que se encuentre libre del mal de ojo.

Los síntomas del mal de ojo en un bebé

Aunque existen diversas formas de descartar enfermedades en la actualidad, existen comportamientos y síntomas que las medicinas o los avances tecnológicos no pueden erradicar cuando de mal de ojo se trata. En los más chicos se presentan diversos síntomas cuyo origen se le atribuye a este tipo de hechizo y, entre ellos, la falta de apetito, ataques de pánico, un llanto sin causa aparente o un estado de constante nerviosismo.

El conocimiento transmitido de manera ancestral nos brindan las herramientas suficientes para determinar si se trata de un maleficio o no el comportamiento extremo de un bebé. Para ello se realizan algunas pruebas cuya respuesta podría ser contundente ante la presencia del mal de ojo. La primera consiste en colocar un trozo de carbón en un recipiente con agua, si este se va hasta el fondo es porque no hay presencia de mal de ojo, pero si flota es inminente la respuesta.

En Ucrania se toma una vela, se enciende y se deja que la cera caiga en un recipiente con agua bendita, si en el transcurso ésta chispea o se adhiere a un lado, podemos estar tranquilos pues no existe mal de ojo.

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